Categoria Política | Variedades

Publicado Jul 29, 2025

«Colombia, entre el periodismo mafioso y la justicia acorralada»

¿En qué clase de país nos estamos convirtiendo cuando una de las revistas más leídas de Colombia, como lo es Semana, decide perfilar a una juez con nombre propio, hablar de su familia, de su madre de 80 años, de su pueblo, de sus estudios, de su ideología (según ellos), y todo por el simple hecho de estar al frente del juicio más importante de las últimas dos décadas: el proceso penal contra Álvaro Uribe Vélez?

Esto no es libertad de prensa. Esto es terrorismo mediático.

Lo que hizo Semana con su artículo del sábado 26 de julio no es informar. Es intimidar. Es mandar un mensaje mafioso al estilo de las películas oscuras donde los capos dicen: “sé dónde estudia tu hijo, a qué hora recoges a tu madre, y cuántos hermanos tienes”. Esa es exactamente la sensación que deja este texto dirigido con calculadora fría contra la jueza Sandra Heredia. Y lo más grave es que lo hacen sin vergüenza, sin ética y sin consecuencias.

No se limitaron a opinar sobre el proceso judicial. Fueron al pueblo de la juez, hablaron con su familia, contaron cuántos hermanos tiene, mencionaron que su mamá está enferma, que la juez iba sola a visitarla, y que ahora va acompañada por razones de seguridad. ¿Qué buscan con eso? ¿Que le dé miedo fallar en derecho? ¿Que absuelva a Uribe para que no le pase nada a su mamá?

¡Estamos hablando de la presión más descarada jamás vista contra una funcionaria judicial en pleno ejercicio de su deber! Y ocurre, claro, cuando la justicia toca al poder real: al expresidente intocable, al amo de la ultraderecha y de sus redes de desinformación.

Que quede claro: si este nivel de persecución mediática se hiciera desde un gobierno, todos gritarían “¡dictadura!”. Pero como viene de los amigos del poder económico y político de siempre, entonces se tolera. Entonces es “periodismo”.

No señores, esto no es periodismo, esto es instrumentalización del miedo para favorecer al procesado más poderoso del país. Y si esto lo permitimos hoy, mañana nadie podrá confiar en una justicia libre, ni en jueces que se atrevan a tocar a los impunes.

¿Qué viene ahora? ¿Filtrar el número de cédula de la jueza? ¿Publicar la dirección exacta de su casa? ¿Decir qué medicamentos toma su madre? Porque ya casi llegamos ahí. Ya casi completan el libreto de una amenaza disimulada.

Urge que la comunidad internacional, las organizaciones defensoras de derechos humanos, y la ciudadanía decente de Colombia levanten la voz. No importa si se está de acuerdo o no con una condena a Uribe. Eso lo decide la justicia. Pero lo que sí es inaceptable es que una jueza sea perseguida por hacer su trabajo.

Colombia no puede ser una finca donde los poderosos deciden quién los puede juzgar. Colombia no puede seguir siendo el país donde los medios, en lugar de fiscalizar el poder, lo encubren y lo protegen a punta de miedo.

Y si aún nos queda algo de dignidad ciudadana, debemos gritarlo: Semana no es periodismo. Semana hoy es el cartel del miedo con portada de revista.

ElCorrillo.Co

Profesional en comunicación social