Publicado May 5, 2025

Cómo la pauta oficial convierte a los medios en comités de aplausos

En un entorno cada vez más polarizado, los medios digitales enfrentan presiones económicas y cuestionamientos a su independencia editorial.

La relación entre los medios de comunicación y el poder político ha sido históricamente compleja, pero en la actualidad, con el auge de las plataformas digitales y la precariedad económica de muchas redacciones, el escenario se ha vuelto aún más delicado.

En el Tolima, la creciente desconfianza hacia los medios de comunicación no solo afecta a los grandes conglomerados regionales. También golpea con fuerza a los medios digitales alternativos, que han surgido en la última década como respuesta a la necesidad de narrativas más cercanas a lo local. Sin embargo, la sostenibilidad económica y la polarización política han complicado su labor.

En Tolima, los medios digitales navegan entre la pauta oficial y la polarización política

“A veces no es autocensura, es simplemente supervivencia”, afirma un editor de un medio digital tolimense que prefirió no revelar su identidad. “El reto es mantener el equilibrio entre sostenernos económicamente y no traicionar el compromiso con nuestros lectores”.
Mientras tanto, la audiencia local sigue consumiendo contenido en redes, pero con una mirada cada vez más desconfiada. Y en ese ambiente de sospechas, el periodismo independiente lucha por no ahogarse.

La dependencia de la publicidad estatal mina la ética periodística en Colombia y especialmente en regiones como el Tolima, donde la crítica al poder se silencia para no poner en riesgo la financiación.

En Colombia, y particularmente en departamentos como el Tolima, la libertad de prensa enfrenta un enemigo silencioso pero poderoso: la pauta oficial. Lo que debería ser un apoyo económico para el sostenimiento de los medios se ha transformado en una herramienta de control, capaz de alinear las agendas informativas con los intereses políticos de turno.

Medios tradicionales y digitales, en muchos casos, han dejado de ser guardianes del interés público para convertirse en comités de aplausos del gobierno y de figuras políticas locales. Las razones son tan claras como preocupantes: quien critica, pierde la pauta. Quien aplaude, gana contratos.

Esta dinámica compromete gravemente la ética periodística. La información pierde su carácter crítico y se convierte en una vitrina de propaganda oficial. Reportajes investigativos, denuncias ciudadanas o cuestionamientos al manejo de recursos públicos rara vez ven la luz en medios que dependen económicamente de los mismos gobiernos que deberían vigilar.

En el Tolima, esta situación es especialmente evidente durante las campañas electorales y al cierre de cada año fiscal. Medios que callan frente a escándalos de corrupción local o regional, o que repiten comunicados oficiales sin cuestionar, no hacen periodismo: hacen relaciones públicas disfrazadas de noticia.

Documentos públicos revelan contratos de publicidad por millones de pesos, firmados con medios que rara vez publican denuncias o reportajes de investigación sobre corrupción o mala gestión. Mientras tanto, la prensa independiente, carente de recursos, lucha por sobrevivir sin apoyo institucional.

Organizaciones defensoras de la libertad de prensa, como la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP), han advertido sobre esta práctica. La captura económica del periodismo por parte del poder político no solo desinforma, sino que debilita la democracia.

El reto es enorme: urge diversificar las fuentes de financiación, fortalecer medios independientes y formar audiencias más críticas. Porque un periodismo sin independencia no informa: adoctrina.

ElCorrillo.Co

Profesional en comunicación social