Publicado Ago 6, 2026

ASOCAPAZ: familias desplazadas del Catatumbo reconstruyen su proyecto de vida desde la solidaridad

56 familias que tuvieron que abandonar el Catatumbo encontraron en la asociatividad una herramienta para reorganizarse, recuperar su vocación campesina y construir un nuevo proyecto de vida colectivo en el Tolima.

Durante meses, las familias de la Asociación Campesina para la Paz, ASOCAPAZ, dejaron de preguntarse cuándo podrían regresar al Catatumbo y comenzaron a buscar un lugar donde volver a vivir, cultivar y organizarse. El desplazamiento las obligó a dejar atrás viviendas, parcelas y una forma de vida construida durante generaciones. Sin embargo, decidieron enfrentar la incertidumbre de manera colectiva y empezar nuevamente. Hoy, 56 familias hacen parte de una organización campesina que encontró en la asociatividad una herramienta para reconstruir su proyecto común. La historia de ASOCAPAZ está marcada por el desplazamiento y las dificultades que durante años han afectado al territorio. También está atravesada por el liderazgo comunitario y la búsqueda de alternativas para permanecer unidos. Su experiencia muestra cómo la solidaridad puede convertirse en una herramienta de reconstrucción social.

Para José del Carmen Ávila, vicepresidente de ASOCAPAZ, la organización comunitaria comenzó mucho antes de la creación de la asociación. Desde mediados de la década de 1980 participó en juntas de acción comunal y diferentes espacios comunitarios, donde aprendió sobre la importancia del diálogo. Posteriormente ejerció como conciliador, una experiencia que considera fundamental para comprender que los conflictos pueden encontrar soluciones antes de llegar a escenarios judiciales. “El ser conciliador es buscar la paz”, resume al recordar esa etapa de su vida. Desde su perspectiva, las comunidades necesitan herramientas para resolver sus diferencias y fortalecer sus vínculos. También señala que las dificultades rurales incluyen el acceso limitado a tierra, educación, salud, vivienda, vías, agua potable y electrificación. Para Ávila, avanzar hacia la paz también implica garantizar oportunidades para las comunidades campesinas y los sectores más vulnerables.

La vida de Ávila, conocido como Carmito en su comunidad, también está marcada por el desplazamiento. Recuerda que salió del Catatumbo en 2002 y que años después volvió a enfrentar situaciones de violencia. En enero de 2025, el recrudecimiento del conflicto obligó nuevamente a numerosas familias a abandonar la región. “Yo no estoy aquí porque quiera estar. Estoy aquí porque la violencia nos obligó a dejar una región histórica donde nací y me crie”, relata. Una experiencia similar vivió Lucero García, quien ya había enfrentado el desplazamiento cuando tenía cinco años. Sin embargo, la situación de 2025 la encontró como adulta y con dos hijas pequeñas. La familia fue evacuada por el Ejército hacia Cúcuta y posteriormente pasó por diferentes lugares mientras buscaba una alternativa para establecerse. El desplazamiento significó perder bienes, estabilidad y, para sus hijas, incluso el año escolar.

Antes de llegar al Tolima, varias de estas familias pasaron por Puerto Boyacá, donde también enfrentaron dificultades durante su proceso de adaptación. Lucero recuerda que algunos habitantes del lugar tuvieron actitudes de rechazo hacia las personas provenientes del Catatumbo. Con el tiempo las relaciones comenzaron a cambiar, pero el estigma permaneció como una de las cargas que tuvieron que afrontar después del desplazamiento. La familia llegó al nuevo territorio prácticamente sin pertenencias y tuvo que comenzar desde cero. “En el caso de nosotros ni la ropa alcanzamos a sacar”, recuerda al describir la emergencia. La adaptación continúa siendo un proceso complejo, pues considera que un año representa poco tiempo para recuperarse de una experiencia de esta magnitud. A pesar de las pérdidas, las familias comenzaron a buscar alternativas para reorganizar su vida. Fue entonces cuando la organización colectiva empezó a convertirse en una posibilidad para recuperar estabilidad.

La idea de organizarse tomó fuerza mientras las familias atravesaban diferentes momentos de incertidumbre. Dairo Abril, presidente de ASOCAPAZ, explica que la asociación nació precisamente durante ese periodo, cuando los integrantes comprendieron que enfrentar las dificultades individualmente hacía más difícil encontrar soluciones. La organización comenzó a reunir a las familias desplazadas y a construir una hoja de ruta para gestionar apoyo institucional, fortalecer la convivencia y recuperar su vocación productiva. La solidaridad empezó a convertirse en una práctica cotidiana y no solamente en un principio escrito en los estatutos. Cuando una familia atravesaba dificultades económicas, los demás asociados reunían alimentos y elementos básicos para ayudarla. “Recogíamos una panela, un litro de aceite… y llevábamos el mercado a la familia que estaba pasando necesidad”, recuerda Abril. Estas acciones fortalecieron los vínculos entre los integrantes y ayudaron a consolidar una comunidad alrededor de objetivos compartidos.

Con el tiempo, ASOCAPAZ dejó de ser únicamente una organización conformada por familias desplazadas y comenzó a convertirse en un espacio para construir proyectos colectivos. Samuel García, integrante de la asociación, señala que uno de los principales aprendizajes ha sido dejar de pensar únicamente en las necesidades individuales. La organización permitió identificar objetivos comunes y recuperar progresivamente la confianza entre las familias. También abrió la posibilidad de proyectar iniciativas productivas para garantizar su permanencia en el territorio. El proceso, sin embargo, ha requerido adaptarse a una realidad diferente a la del Catatumbo. Las condiciones climáticas, los cultivos y las dinámicas productivas del Tolima representan nuevos desafíos para los campesinos. A pesar de ello, sus conocimientos y experiencia acumulada les han permitido enfrentar el proceso de aprendizaje. El objetivo es consolidar una comunidad organizada alrededor del trabajo colectivo y la producción campesina.

El proceso de ASOCAPAZ también ha contado con el acompañamiento institucional para avanzar en la construcción de nuevas oportunidades. De acuerdo con Dairo Abril, el acceso al predio donde actualmente se encuentran las familias fue posible mediante la articulación de diferentes entidades. Posteriormente, otras instituciones comenzaron a respaldar el fortalecimiento de la organización desde sus respectivas competencias. Entre ellas se encuentra la Unidad Solidaria, que ha acompañado a ASOCAPAZ en el fortalecimiento organizativo y la consolidación de capacidades asociativas. Este respaldo ha contribuido a mejorar la estructura interna de la organización y a impulsar iniciativas productivas construidas desde la cooperación. Para las familias, el acompañamiento representa una oportunidad para fortalecer herramientas que les permitan avanzar hacia una mayor autonomía. La articulación institucional también permite conectar las necesidades de la comunidad con programas y alternativas disponibles. El reto es que estas acciones contribuyan a consolidar un proceso sostenible en el tiempo.

Hoy, la solidaridad continúa siendo uno de los principales elementos que mantiene unida a ASOCAPAZ. Cuando una familia enfrenta dificultades económicas, los demás integrantes buscan alternativas para respaldarla; si es necesario reunir alimentos, cada persona aporta de acuerdo con sus posibilidades. Para Dairo Abril, estas acciones reflejan el sentido de pertenencia que ha crecido dentro de la organización: “Sentimos el dolor del otro como propio”. José del Carmen Ávila sostiene que la paz tampoco puede entenderse únicamente como la ausencia de violencia, sino como la posibilidad de acceder a tierra, educación, producción, servicios y mecanismos de diálogo. Lucero García, por su parte, reconoce que las pérdidas ocasionadas por el desplazamiento todavía hacen parte de su historia, pero asegura que el proceso organizativo les ha permitido recuperar la esperanza. Consolidar proyectos productivos, fortalecer la asociación y garantizar su sostenibilidad son ahora sus principales desafíos. ASOCAPAZ nació en medio de una emergencia humanitaria, pero encontró en la asociatividad una manera de reconstruir la confianza y volver a cultivar un proyecto de vida compartido.

ElCorrillo.Co

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