Mientras equipos extranjeros de búsqueda y rescate permanecían preparados para viajar a Colombia, algunas delegaciones esperaban una solicitud oficial de Bogotá. La situación generó cuestionamientos sobre los tiempos de reacción durante las horas críticas posteriores al terremoto de magnitud 7,4.
El terremoto de magnitud 7,4 registrado el lunes 10 de agosto volvió a poner a prueba la capacidad de respuesta de Colombia frente a una emergencia de gran escala. El movimiento tuvo su epicentro en San José del Palmar, Chocó, según la información suministrada por el Servicio Geológico Colombiano. Desde las primeras horas se activaron organismos nacionales de socorro y equipos de búsqueda y rescate. Sin embargo, mientras avanzaban las labores entre estructuras colapsadas, comenzó a crecer el interrogante sobre la participación de equipos internacionales. La principal discusión se concentró en el momento en que Colombia solicitó o autorizó ese apoyo.
La controversia tomó fuerza porque varios países contaban con personal especializado preparado para desplazarse hacia territorio colombiano. Equipos médicos, especialistas en búsqueda y rescate y binomios caninos permanecían disponibles para entrar en operación. Sin embargo, algunos de estos grupos necesitaban una solicitud formal del Gobierno colombiano antes de movilizarse. Esta situación generó cuestionamientos sobre si la respuesta internacional pudo haberse activado con mayor rapidez. En emergencias con personas atrapadas bajo escombros, el factor tiempo constituye una variable determinante. Por eso, cada hora transcurrida terminó adquiriendo especial relevancia.
La periodista colombiana Catalina Gómez Ángel cuestionó precisamente los tiempos de reacción y sostuvo que una respuesta rápida permite que los equipos especializados lleguen al lugar de la emergencia en cuestión de horas. Su planteamiento puso nuevamente sobre la mesa la importancia de activar mecanismos internacionales de búsqueda y rescate cuando existe la posibilidad de encontrar sobrevivientes. No obstante, hasta ahora no existe evidencia suficiente para afirmar que el Gobierno haya rechazado deliberadamente ayuda que pudiera haber cambiado el resultado de las operaciones. Lo que sí aparece documentado es que durante las primeras horas Colombia comunicó a algunos gobiernos que contaba con capacidades nacionales desplegadas.
Uno de los casos más destacados fue el de México, cuyo Gobierno aseguró tener preparado un contingente de 255 integrantes de las Fuerzas Armadas. El denominado Agrupamiento Cali incluía médicos, especialistas en búsqueda y rescate y binomios caninos entrenados para localizar personas entre estructuras colapsadas. También se habían dispuesto medicamentos, alimentos y herramientas para apoyar la emergencia. La presidenta Claudia Sheinbaum informó públicamente que el grupo estaba listo para desplazarse. Sin embargo, señaló que permanecía a la espera de una solicitud formal de Colombia para iniciar el traslado.
La situación mexicana generó especial atención debido a que el contingente tenía previsto ingresar por Cali, una de las ciudades consideradas estratégicas para la recepción de ayuda. Mientras los especialistas permanecían preparados, las autoridades colombianas continuaban coordinando las operaciones nacionales. La decisión de no solicitar inicialmente personal extranjero se habría relacionado con la consideración de que las capacidades nacionales disponibles eran suficientes para atender la búsqueda. Esta explicación, sin embargo, no cerró el debate. La pregunta pasó a ser si esa valoración debió modificarse más rápidamente ante la magnitud de la emergencia.
Otro grupo que manifestó su disposición fue la Brigada de Rescate Topos Tlatelolco. La organización indicó que había establecido comunicación con autoridades colombianas y permanecía atenta a las necesidades de la emergencia. Su eventual participación también dependía de la coordinación con las instituciones nacionales. Paralelamente, la Brigada Internacional de Rescate Topos Azteca anunció su desplazamiento desde Venezuela hacia Colombia. El grupo señaló que transportaba herramientas neumáticas y tecnología destinada a localizar personas atrapadas detrás de paredes o bajo estructuras. Su llegada representó otro intento de sumar capacidades internacionales a las labores.
Estados Unidos también activó mecanismos de respuesta frente a la emergencia, aunque con un enfoque diferente al de una brigada especializada en extracción de personas atrapadas. El Departamento de Estado anunció asistencia por 15,5 millones de dólares destinada a refugio, alimentos, protección y evaluaciones estructurales. Además, activó un Disaster Assistance Response Team, conocido como DART, conformado por especialistas humanitarios. Esta respuesta no debe confundirse con un equipo USAR dedicado exclusivamente a intervenir en edificaciones colapsadas. La diferencia resulta importante para comprender qué tipo de apoyo internacional estaba llegando y cuáles capacidades permanecían pendientes de despliegue.
La Organización de las Naciones Unidas también informó que sus agencias y socios humanitarios apoyaban la respuesta liderada por el Gobierno colombiano. El secretario general António Guterres manifestó que Naciones Unidas permanecía en contacto con las autoridades y ofrecía asistencia de acuerdo con las necesidades y solicitudes realizadas. A esto se sumaron ofrecimientos de cooperación de diferentes países y organismos multilaterales. El vicepresidente José Manuel Restrepo señaló que se habían planteado alrededor de 1.300 millones de dólares en distintas modalidades de cooperación. Sin embargo, estas cifras corresponden a ofertas y mecanismos de apoyo, no necesariamente a recursos ya desembolsados.
El caso de El Salvador también aportó elementos al debate. El presidente Nayib Bukele explicó que Colombia había solicitado inicialmente insumos para los damnificados y que las autoridades colombianas habían comunicado que sus organismos de emergencia, médicos y rescatistas ya estaban desplegados. Por esa razón, El Salvador anunció el envío de dos aeronaves con aproximadamente 100 toneladas de ayuda humanitaria. La información muestra que Colombia sí estaba recibiendo apoyo internacional, pero bajo modalidades diferentes a las de una intervención masiva de equipos especializados de búsqueda. La controversia, entonces, no consiste en determinar si hubo ayuda extranjera, sino en establecer cuándo y qué tipo de asistencia fue solicitada.
Con las operaciones de rescate todavía en desarrollo, el debate sobre los tiempos de respuesta seguirá abierto. La prioridad inmediata continúa siendo localizar y atender a las personas que permanecen afectadas por el terremoto y garantizar asistencia a las comunidades damnificadas. Posteriormente será necesario establecer si los protocolos utilizados para solicitar ayuda internacional fueron adecuados frente a la magnitud del desastre. También deberá evaluarse si existieron demoras administrativas que pudieron afectar el despliegue de capacidades especializadas. El terremoto deja así una segunda tarea para el Estado: revisar la coordinación nacional e internacional y determinar qué debe cambiar para que, ante una futura emergencia, ninguna ayuda disponible llegue demasiado tarde.































