La Unidad Solidaria y Prosperidad Social realizaron el Encuentro Nacional de la Alianza de Economías para la Vida, una jornada que reunió a organizaciones de diferentes regiones para construir una agenda común orientada al fortalecimiento de la economía social, solidaria, popular, comunitaria, campesina y familiar.
Durante tres días, representantes de organizaciones provenientes de diferentes regiones del país participaron en el Encuentro Nacional para la conformación de la Alianza Nacional de Economías para la Vida. La jornada fue liderada por la Unidad Solidaria, en alianza con Prosperidad Social, como un espacio de diálogo, articulación y construcción colectiva. El propósito fue reunir las experiencias de organizaciones que desarrollan procesos productivos y comunitarios en los territorios. A través de diferentes mesas de trabajo, los participantes intercambiaron propuestas y plantearon acciones para fortalecer sus economías. La iniciativa busca reconocer el papel de estas organizaciones en el desarrollo social y económico de las comunidades. También se promovió la construcción de una agenda común entre los distintos sectores participantes. De esta manera, el encuentro permitió avanzar en acuerdos alrededor de las economías para la vida.
Uno de los participantes fue Bladimir Balanta, cacaocultor y representante del Consejo Comunitario de La Holanda, organización ubicada en el municipio de Tame, Arauca. Durante el encuentro destacó el proceso de acompañamiento desarrollado junto con la Unidad Solidaria para fortalecer la articulación entre las organizaciones. Balanta señaló que durante este proceso se ha trabajado para integrar las experiencias provenientes de diferentes territorios del país. “Con la Unidad Solidaria hemos venido trabajado arduamente para realizar esta alianza con cada una de las organizaciones que representan cada uno de los rincones del territorio de este país”, manifestó. Su participación permitió poner sobre la mesa las experiencias de las comunidades campesinas y de los consejos comunitarios. Asimismo, resaltó la importancia de generar espacios donde las organizaciones puedan expresar sus necesidades y propuestas. Para los participantes, la articulación nacional constituye un mecanismo para fortalecer sus procesos colectivos.
El trabajo desarrollado durante el encuentro estuvo concentrado en diferentes mesas de construcción colectiva, en las que las organizaciones pudieron compartir sus perspectivas y propuestas. Para Balanta, este ejercicio permitió reunir diferentes pensamientos y experiencias alrededor de un propósito común. “El resultado es que pudimos llevar a cabo y juntar muchos pensamientos para hacer una construcción de algo positivo para nuestras economías para la vida”, expresó. El representante del Consejo Comunitario de La Holanda explicó que el proceso permitió articular las distintas iniciativas que llegaron desde los territorios. Las mesas también facilitaron el intercambio entre organizaciones con diferentes experiencias productivas y comunitarias. Este ejercicio buscó identificar puntos de encuentro y compromisos que puedan desarrollarse posteriormente. La metodología permitió que los participantes tuvieran un papel activo en la construcción de la agenda. Así, el encuentro se consolidó como un espacio de participación y concertación.
El representante comunitario también destacó el acompañamiento que ha recibido su organización en el territorio de Tame, Arauca, por parte de la Unidad Solidaria. Según explicó, este trabajo contribuyó al fortalecimiento de los procesos adelantados por los campesinos y el Consejo Comunitario de La Holanda. “Nos sentimos orgullosos de eso, que nos hayan tenido en cuenta, que nos hayan hecho partícipes”, señaló Balanta. También agradeció el trabajo desarrollado directamente en su territorio y el reconocimiento alcanzado por la organización. La experiencia refleja la importancia que tienen los procesos de acompañamiento institucional para organizaciones que desarrollan actividades productivas y comunitarias. En este caso, el cacao y el trabajo colectivo hacen parte de las dinámicas económicas de la comunidad. La participación en el encuentro permitió además trasladar estas experiencias al escenario nacional. De esta manera, las realidades territoriales hicieron parte de la construcción de la Alianza Nacional.
Por su parte, Amalin Vásquez, directora de Planeación de la Unidad Solidaria, explicó que la jornada permitió establecer diferentes ejes de trabajo y compromisos. La funcionaria destacó que el proceso no concluye con la realización del encuentro, sino que abre una etapa de seguimiento y articulación con las organizaciones participantes. “Salieron unos ejes con unos compromisos de los cuales hoy iniciamos a seguir contribuyendo a estos acuerdos”, explicó. La intención es mantener el diálogo con las organizaciones y avanzar en las acciones definidas durante las mesas de trabajo. Vásquez también señaló la importancia de que estos procesos tengan continuidad y puedan ser fortalecidos en el futuro. La articulación entre las instituciones y las organizaciones será fundamental para avanzar en los compromisos establecidos. El objetivo es que la economía social, solidaria, popular, comunitaria y campesina continúe teniendo espacios de participación. Con ello se busca consolidar una agenda construida desde las experiencias de los territorios.
La Alianza Nacional de Economías para la Vida reúne diferentes expresiones organizativas que desarrollan actividades económicas y sociales en las regiones del país. Entre ellas se encuentran organizaciones de la economía popular, solidaria, comunitaria, campesina y familiar. Su articulación pretende generar mayores posibilidades de cooperación y construcción colectiva entre quienes participan en estos modelos. Durante el encuentro, las delegaciones compartieron experiencias relacionadas con la producción, la organización comunitaria y el fortalecimiento de sus territorios. También se identificaron desafíos comunes que requieren respuestas articuladas entre las organizaciones y las instituciones. La agenda construida busca recoger estas necesidades y convertirlas en compromisos de trabajo. El proceso parte del reconocimiento de las capacidades existentes en las comunidades. En ese sentido, las organizaciones participantes asumieron un papel central en la definición de las prioridades de la alianza.
La jornada culminó con una plenaria en la que fueron presentadas las principales conclusiones alcanzadas durante los tres días de trabajo. En este espacio se realizó la adopción de la Declaración Final de la Alianza Nacional de Economías para la Vida. El documento establece una hoja de ruta para continuar fortaleciendo la articulación entre las organizaciones que hacen parte de estos sectores económicos. La declaración recoge los principales elementos discutidos durante las mesas y los compromisos construidos colectivamente. Su adopción representa un punto de partida para continuar el trabajo conjunto en los territorios. También plantea el desafío de mantener los canales de diálogo entre las organizaciones y las entidades públicas. La continuidad de estos acuerdos será determinante para avanzar en las acciones planteadas. De esta manera, el encuentro cerró con una agenda común orientada a fortalecer las economías construidas desde las comunidades.
La conformación de la Alianza Nacional de Economías para la Vida plantea así un escenario de articulación entre organizaciones de diferentes regiones y sectores. Las experiencias compartidas durante el encuentro evidenciaron la diversidad de iniciativas que hacen parte de la economía social, solidaria, popular, comunitaria, campesina y familiar en Colombia. Desde los productores de cacao hasta las organizaciones comunitarias, los participantes llevaron sus realidades territoriales a un espacio nacional de construcción colectiva. El reto ahora será avanzar en los compromisos establecidos y mantener activa la articulación entre las organizaciones. La Unidad Solidaria y Prosperidad Social acompañaron este proceso como parte de la construcción de una agenda común. Para las comunidades participantes, el encuentro representó también una oportunidad para fortalecer sus capacidades organizativas y productivas. La declaración final marca una nueva etapa de trabajo alrededor de las economías para la vida. El propósito será convertir los acuerdos alcanzados en acciones que contribuyan al desarrollo de los territorios y al bienestar de sus comunidades.































