El exalcalde, quien ahora hace parte del equipo político de Óscar Barreto, se sentó a manteles con la plana mayor liberal en Bogotá, ejecutando una estrategia que conviene tanto al expresidente César Gaviria como, al barretismo. En resumen, Rodríguez Góngora gana con cara, con sello e incluso si la moneda cae parada.
La sorpresiva reunión, gestada en la casa del presidente Gaviria, deja varias reflexiones. Entre ellas, que Rubén Darío Rodríguez es el candidato ideal para fortalecer una lista del Partido Liberal que no tiene, por sí sola, la fuerza suficiente para alcanzar —por cifra repartidora— los 50.000 votos necesarios para obtener una curul en la Cámara de Representantes.
Para Gaviria, es esencial que el Partido Liberal no pierda la credencial del Tolima. Hoy, el escenario es adverso para los rojos, debido a las divisiones entre Mauricio Jaramillo y Olga Beatriz González, a quien ya tildan de desleal e ingrata por no acatar las instrucciones de la organización. Esto, ante la imposición del aval a Gentil Gómez en Melgar, que provocó la renunciar al liberalismo de Mauricio Jaramillo, tras militar en él durante cuatro décadas.
Óscar Barreto es, en gran medida, responsable de la crisis liberal. Logró arrebatar a muchos dirigentes de esa colectividad y llevarlos a sus filas, donde ahora cantan las estrofas de Caro y Ospina. Por ejemplo, Marco Ospina, Adriana Matiz, Andrés Hurtado, Alexander Castro, Alexander Tovar, Jaime Ospina y Forney Munevar son muestra de que, con poder, clientelismo y burocracia, fue posible que abandonaran el “trapo rojo” para ondear la bandera del conservatismo.
Paralelamente a su estrategia, Barreto apoyaría —desde el Partido Conservador— una candidatura de Rubén Darío en el liberalismo. El único propósito sería mantener la división y profundizar la crisis en esa colectividad.
Para el presidente Gaviria, el exalcalde liberal jugaría otro papel: garantizar el umbral con Olga B., Jason Pava y los demás candidatos que integren la lista, para evitar que la credencial de Cámara por el Tolima se pierda o pase a sectores alternativos, o incluso al Partido de la U, donde Andrés Hurtado, junto con su hermana Carolina, sabe cómo tocar las bases liberales.
Gaviria tiene claro que Rubén Darío ya no ostenta la fuerza electoral de antes. Sin embargo, podría aportar una base de hasta 8.000 votos. Rodríguez mantiene cuotas burocráticas en la Gobernación del Tolima, entre ellas a su esposa, Martha Villarreal, muy cercana a la gobernadora Adriana Matiz. La última aspiración de ‘Rubencho’ fue en 2015, cuando obtuvo poco más de 20.000 votos en su candidatura a la Alcaldía.
Rubén Darío Rodríguez Góngora ha pasado de ser un exalcalde recordado por pocos a convertirse en un actor interesante dentro de la coyuntura electoral de marzo de 2026. Tiene 72 años, está pensionado y goza de tranquilidad económica; sin embargo, hoy vuelve a ser una alternativa política en el partido donde logró todo lo que se propuso. Fue concejal de Ibagué, diputado del Tolima, congresista, dos veces alcalde de los ibaguereños y ocupó cargos públicos tanto en la Alcaldía como en la Gobernación.
Si Rubén Darío logra ayudar a que el liberalismo alcance los 50.000 votos, cumpliría el objetivo que le impuso César Gaviria: demostrarle a Mauricio Jaramillo que, sin el, sí hay liberalismo. Si, por milagro o por mecánica electoral, logra obtener la credencial, Barreto cumpliría un doble propósito: sumar una credencial más en el Congreso y acabar con su archienemigo, el exsenador liberal Mauricio Jaramillo Martínez.































