Un deslizamiento en Ataco dejó cinco muertos y dos heridos, mientras que en Venadillo más de 200 familias lo perdieron todo por el desbordamiento de la quebrada Galapo. Las autoridades atienden ambas emergencias y hacen un llamado urgente a la responsabilidad informativa y al respeto por las víctimas.
El departamento del Tolima enfrenta dos graves emergencias naturales que han dejado dolor, destrucción y un profundo llamado a la solidaridad regional. En Ataco, un deslizamiento registrado este sábado en el sector de Mesa de Pole dejó un saldo preliminar de cinco personas fallecidas y dos heridas, según los primeros reportes entregados por organismos de atención. Mientras tanto, en Venadillo, más de 200 familias resultaron afectadas por el desbordamiento de la quebrada Galapo, una tragedia que devastó viviendas, cultivos y enseres.
En el caso de Ataco, la Defensa Civil, el Consejo Municipal para la Gestión del Riesgo y personal de apoyo proveniente de Chaparral fueron activados de inmediato para atender la emergencia. Las autoridades continúan desplazándose por la zona montañosa para ubicar posibles víctimas adicionales y precisar la magnitud del desprendimiento. La información, advierten, sigue siendo preliminar y está sujeta a verificación en terreno mientras avanzan las labores de rescate.
La directora de Gestión del Riesgo del Tolima, Andrea Mayorquín, confirmó desde el sitio de la tragedia que cinco personas perdieron la vida. Además, según el reporte entregado por la comunidad presente en el lugar, dos sobrevivientes permanecen en estado crítico, elevando a siete el número total de víctimas. Mayorquín señaló que los equipos técnicos recopilan datos para establecer los riesgos asociados y entregar un informe consolidado con total rigurosidad y transparencia.
En su declaración, la funcionaria subrayó que el proceso de verificación busca claridad para las familias y la comunidad, recalcando que en momentos como este resulta fundamental evitar la revictimización. La directora aseguró que se trabaja bajo protocolos estrictos, orientados a salvaguardar tanto la vida de los equipos como la integridad emocional de los afectados, quienes atraviesan una de las situaciones más dolorosas de los últimos meses.
Mientras tanto, en Venadillo, la emergencia comenzó de madrugada luego de 110 milímetros de lluvia acumulada entre las 3:00 a. m. y las primeras horas del día. El desbordamiento de la quebrada Galapo arrasó con más de 200 hogares, dejando 170 familias totalmente damnificadas, siete viviendas inhabilitadas y una destruida por completo. En la zona de cordillera, otra vivienda colapsó y el acueducto de la vereda La Guada resultó seriamente afectado, dejando sin agua a siete veredas que dependen de este sistema.
Las vías rurales del municipio también sufrieron daños graves: tramos destruidos, otros deteriorados y árboles caídos que obstruyen el paso hacia las zonas productivas. Esta situación complica el transporte de alimentos y la movilidad de las comunidades campesinas, que se encuentran entre las más golpeadas por el invierno. Las autoridades locales han priorizado el despeje de las rutas rurales para garantizar el acceso a las zonas afectadas.
La Gobernación del Tolima llegó con ayudas humanitarias que incluyen kits alimentarios, colchones, ropa y maquinaria amarilla para apoyar las labores de rehabilitación. Durante la jornada, se insistió en que ninguna familia enfrentará la emergencia sola, destacando que el acompañamiento institucional será permanente. El mensaje oficial subrayó la importancia de atender tanto las necesidades materiales como el impacto emocional que deja un desastre de esta magnitud.
En medio de la conmoción, desde organizaciones sociales del sur del Tolima se hizo un llamado urgente a los medios de comunicación, páginas informativas y usuarios de redes sociales para que eviten compartir imágenes sensibles de las personas afectadas por la tragedia. La difusión de fotografías y videos sin contexto o sin filtros —advirtieron— profundiza el sufrimiento de las familias y vulnera la dignidad de quienes perdieron la vida.
“Informar nunca puede estar por encima de la dignidad humana”, señalaron, insistiendo en la responsabilidad ética de no replicar contenidos que exacerben el dolor colectivo. La comunicación, recalcan, también implica cuidar: cuidar la memoria, cuidar a los sobrevivientes y cuidar a las comunidades que, una vez más, enfrentan el peso de fenómenos naturales devastadores.
Con estas dos emergencias simultáneas, el Tolima cierra una jornada marcada por la tragedia y la incertidumbre. Las autoridades continúan trabajando en terreno, mientras las familias afectadas esperan respuestas, acompañamiento y soluciones de fondo que permitan avanzar hacia la reconstrucción de sus territorios. Lo ocurrido deja en evidencia la urgencia de fortalecer la gestión del riesgo y la infraestructura local para mitigar los impactos de fenómenos climáticos cada vez más intensos en la región.































