El Tolima comienza a pasarle factura política a Abelardo De La Espriella. Aunque el departamento fue uno de los territorios donde el abogado y dirigente político obtuvo un respaldo electoral significativo, los resultados en materia de representación burocrática para los tolimenses están lejos de satisfacer las expectativas que generó su campaña.
Hasta ahora, los nombramientos que se señalan como cuota del Tolima son apenas dos: Didier Blanco, en la Unidad Nacional de Protección (UNP), y Juan Rodrigo Alvarado, como secretario general de la Autoridad Nacional de Acuicultura y Pesca (AUNAP).
Y ahí está precisamente el punto de la controversia.
Para sectores críticos del departamento, dos nombramientos no parecen estar a la altura del respaldo político recibido en el Tolima, especialmente cuando uno de ellos corresponde a una entidad tan sensible como la UNP, donde se manejan asuntos relacionados con esquemas de seguridad, protección y recursos públicos, mientras que el otro corresponde a un cargo administrativo dentro de la AUNAP.
La pregunta que comienza a hacerse en los círculos políticos del departamento es directa: ¿eso es todo lo que el Tolima representa para Abelardo De La Espriella?
El malestar adquiere una dimensión mayor cuando se compara la situación con el Gobierno de Gustavo Petro. Críticos de De La Espriella recuerdan que Petro llegó a tener simultáneamente hasta tres ministros con origen tolimense en su gabinete: Salud, Justicia e Igualdad. Esto, pese a que según el argumento de sus contradictores en las elecciones presidenciales Petro solamente logró imponerse en uno de los 47 municipios del departamento: Coyaima.
La comparación resulta políticamente incómoda.
Mientras un gobierno que no tuvo precisamente una votación mayoritaria en el Tolima llegó a incorporar a varios tolimenses en posiciones de alta responsabilidad nacional, el proyecto político de De La Espriella, que sí recibió un respaldo importante en esta región, aparece hasta ahora con una representación mucho más limitada.
La política también se mide por la capacidad de reconocer a quienes acompañaron un proyecto. Y en ese terreno, De La Espriella tiene una deuda pendiente con el Tolima.
No se trata simplemente de reclamar puestos o burocracia. Se trata de representación, reconocimiento y capacidad política para llevar a los territorios que respaldaron un proyecto a los escenarios donde se toman las decisiones nacionales.
Porque si el Tolima puso votos, liderazgo y respaldo político, es legítimo preguntarse qué recibió a cambio.
Por ahora, la respuesta son dos nombres y dos cargos que, para buena parte de sus críticos, no corresponden al peso electoral que el departamento tuvo en el proyecto de De La Espriella.
La controversia apenas comienza. Y podría convertirse en un asunto incómodo para el dirigente si el Tolima empieza a sentir que fue importante para ganar votos, pero no lo suficiente para ocupar espacios relevantes en el poder.
Los votos también generan expectativas. Y en el Tolima ya hay quienes consideran que Abelardo De La Espriella está quedándose corto.































