Antes quisiera hacer una introducción a lo que significa ser “de derecha o ser de izquierda”. En el año 1789, durante la revolución francesa, los representantes de los pueblos debatían sobre cómo debía organizarse Francia después de la crisis de la monarquía. En esas reuniones que hacían, ocurrió algo que parecía sencillo, pero que terminó marcando la política a nivel mundial.
A la derecha del presidente de la asamblea, el cual variaba ya que la Asamblea Constituyente cambiaba de presidente con mucha frecuencia; sin embargo, en ese entonces se contaba con la presencia del presidente de la asamblea, el astrónomo y escritor Jean-SylvainBailly. A su derecha se sentaban las personas que defendían: la monarquía, las tradiciones, los privilegios del rey y la nobleza. A su izquierda, las personas que defendían: más igualdad social, reducir el poder del rey, reformas profundas y mayor participación del pueblo.
Fue desde aquí donde empezó todo este tema de ser de “derecha o izquierda”. Los de la derecha quedaron asociados a las ideas conservadoras y los de la izquierda relacionados más con las ideas revolucionarias o progresistas. Sin embargo, más que pertenecer a una “izquierda o derecha”, deberíamos tener claro por qué lado nos identificamos y, después de reconocer nuestro lado, trabajar y brindar nuestras capacidades, pero sin olvidar los ideales y la verdadera razón de la lucha, sin importar de qué lado están. Y es que, según lo que significa la política, es que el pueblo se pueda reunir de manera colectiva para que puedan tomar decisiones que ayuden a la comunidad y al Estado.
Desafortunadamente, en muchas partes de nuestro país no se aplica esta definición, y aquí en el departamento del Tolima basta salir a la calle en busca de oportunidades laborales o en busca del camino de la educación para darnos cuenta de que el verdadero objetivo de la “política” se ha perdido. Aquí no gobierna el que mejores ideas tenga, o el que tenga ese sentido de pertenencia o el espíritu de servirle al pueblo.
Aquí gobierna el que más dinero y burocracia tenga, el que pueda contratar más con las entidades públicas; aquí puedes hoy ser un sobrino de un exgobernador y mañana puedes ser un senador.
Duele ver cómo el sentido de la verdadera política, de la igualdad y de la soberanía, está por debajo. Ni la igualdad ni la soberanía tienen valor absoluto cuando se apartan del bien y de la forma correcta de actuar. ¿De qué nos sirve ser de derecha o de izquierda?, ¿de qué nos sirve insultar a un partido o a un color?
La división entre izquierda y derecha nació como una forma de representar ideas distintas sobre cómo organizar la sociedad, pero con el tiempo muchas veces se convirtió en una lucha donde cada lado cree poseer toda la verdad. Sin embargo, y como lo decía nuestro filósofo y polímata griego Aristóteles: “gobernar correctamente no consiste en defender extremos, sino en saber reconocer qué aporta cada visión al bienestar común”.
La izquierda ha impulsado históricamente la búsqueda de igualdad, derechos sociales y protección de los sectores más vulnerables. La derecha, por su parte, ha defendido el orden, la estabilidad, la responsabilidad económica y la preservación de ciertas instituciones. Ambas corrientes surgieron para responder a necesidades reales de la sociedad.
El problema de todo esto aparece cuando una ideología se vuelve absoluta y deja de escuchar. Una sociedad solo centrada en el control y la tradición puede volverse rígida e injusta; pero una sociedad enfocada únicamente en cambios radicales también puede caer en el desorden o en decisiones poco sostenibles.
Estamos dejando que solo unas cuantas personas gobiernen nuestro departamento. No dejemos pasar el momento de la igualdad, del derecho y de la democracia. Es momento de que podamos mostrarnos los que venimos atrás, los que venimos años trabajando para ser vistos y reconocidos; no queremos más de lo mismo. Por eso, este 31 de mayo salgamos a votar. Tenemos la responsabilidad y la posibilidad de escoger nuestro futuro, o por lo menos por cuatro años más. Decide desde donde quieras, desde la derecha o desde la izquierda, pero que tus decisiones nazcan de la inteligencia, la realidad y el compromiso con el bien común.
Por: Johanna Rivera Barragán
Lic. En Castellano
Magister en Docencia Superior Universitaria.































