El senador Honorio Henríquez, del Centro Democrático, fue elegido presidente del Senado para el primer año legislativo tras imponerse con 56 votos frente a Alfredo Deluque, candidato respaldado por el presidente electo Abelardo De la Espriella. La votación dejó en evidencia una inesperada convergencia entre sectores del Pacto Histórico y el uribismo, reconfigurando el equilibrio de poder en el Congreso.
La instalación del Congreso de la República dejó una de las mayores sorpresas políticas de los últimos años. Contra la mayoría de los pronósticos, el senador Honorio Henríquez, del Centro Democrático, fue elegido presidente del Senado para el primer año del periodo legislativo 2026-2030, gracias a una mayoría construida en medio de una compleja recomposición de fuerzas dentro del Capitolio Nacional.
La elección representó un revés para el presidente electo, Abelardo De la Espriella, cuyo candidato, Alfredo Deluque, no logró reunir los apoyos suficientes para alcanzar la máxima dignidad de la cámara alta. El resultado evidenció que el nuevo Gobierno enfrentará desde el inicio un Congreso con amplios márgenes de autonomía y dinámicas políticas que no necesariamente responderán a los intereses del Ejecutivo.
Tras el escrutinio de los 102 senadores presentes en la plenaria, Honorio Henríquez obtuvo 56 votos, mientras que Alfredo Deluque alcanzó 45 respaldos. Además, se registró un voto en blanco. La diferencia confirmó el respaldo mayoritario a la candidatura del Centro Democrático y modificó el panorama político previsto para el inicio de la nueva legislatura.
Uno de los hechos que más llamó la atención fue la coincidencia de sectores del Pacto Histórico y del Centro Democrático en torno a la elección de Henríquez. Aunque ambas colectividades mantienen profundas diferencias ideológicas, diversos sectores interpretaron la votación como una convergencia parlamentaria encaminada a limitar la influencia de la coalición que respaldaba al presidente electo en la definición de la agenda legislativa.
La jornada estuvo marcada por intensas negociaciones entre las bancadas y una disputa por el control político del Congreso. La elección de la mesa directiva del Senado se convirtió en el primer gran pulso entre el nuevo Gobierno y las distintas fuerzas representadas en el Legislativo, dejando claro que la gobernabilidad dependerá de la capacidad de construir acuerdos con múltiples sectores.
Con la elección de Honorio Henríquez, el Centro Democrático asume la conducción del Senado durante el primer año legislativo, una posición estratégica desde la cual podrá dirigir el trámite de proyectos, organizar la agenda de debates y ejercer un papel determinante en la dinámica política del Congreso durante el inicio del nuevo cuatrienio.
Analistas consideran que el resultado refleja un Congreso altamente fragmentado, donde las alianzas coyunturales pueden imponerse sobre las afinidades ideológicas tradicionales. La votación también anticipa un escenario de constantes negociaciones entre el Ejecutivo y las diferentes bancadas para sacar adelante las reformas que serán presentadas por el Gobierno Nacional.
La elección de la nueva mesa directiva del Senado marca así el inicio de un periodo legislativo en el que el equilibrio de poder será uno de los principales factores de la política nacional. El resultado constituye la primera gran prueba para el gobierno entrante de Abelardo De la Espriella, que deberá construir consensos en un Congreso donde ninguna fuerza política posee el control absoluto de las decisiones.





























